Intervención de Mons. Barrio en la Cope: 4 de diciembre de 2015

En el comienzo del año litúrgico dentro del Adviento la Iglesia celebra a María Inmaculada, estrella de la mañana, "señal de esperanza cierta y de consuelo”, y ejemplo en nuestro peregrinar cristiano. Una solemnidad que tan hondo ha calado en la religiosidad y espiritualidad de nuestro pueblo. Paciencia y consuelo son los pilares de la esperanza. Sin paciencia la esperanza desespera, sin consuelo la esperanza se desanima, siendo el desánimo un virus letal. Paciencia con nosotros mismos, con los demás, con las cruces añadidas, con la Iglesia que abrazando en su seno a los pecadores es a la vez santa y necesitada de purificación, con la sociedad y con el mundo que desearíamos que fueran espejo de la ciudad de Dios en medio de la ciudad de los hombres.

María aparece como la llena de gracia, colmada del amor de Dios, plenamente asociada a la victoria de Jesucristo, su Hijo, sobre el pecado y sobre la muerte; libre de toda sombra de muerte y totalmente llena de vida. Esto se manifiesta en el gran misterio de su existencia al haber sido concebida sin pecado original, dedicando toda su vida terrena al servicio de Dios y del prójimo.

En ella "contemplamos el reflejo de la Belleza que salva al mundo: la belleza de Dios que resplandece en el rostro de Cristo”. La Virgen María, preservada del pecado original, nos recuerda la victoria de la gracia sobre el pecado. Ella se deja mirar misericordiosamente por Dios que la transforma y engrandece, de tal forma que en adelante la felicitarán todas las generaciones (Lc 1,48), alegrándose su espíritu en Dios su salvador (Lc 1,47). Es necesario combatir el pecado y el mal, sabiendo que el mal llega hasta donde le deja el bien y el pecado hasta donde no acogemos la gracia.

En esta solemnidad nos sentimos pequeños y distintos, pero esperanzados y agradecidos. Estamos llamados a ser santos. Esto comporta dejar en nuestra existencia la impronta de la actitud de servicio "porque donde no hay entrega por los demás surgen formas de prepotencia y explotación que no dejan espacio para una auténtica promoción humana integral”. María asegura nuestra esperanza.


Última modificación: jueves, 11 de mayo de 2017, 12:08