Intervención de Mons. Barrio en la Cope: 9 de diciembre de 2016

La tercera vela de la corona de este domingo de Adviento tiene por así decirlo una luz especial: es el llamado domingo Gaudete, el domingo de la alegría. Alguien podría pensar que hay como una pequeña contradicción en esta espera de tensa vigilia, en oración y penitencia, que es el Adviento, y la actitud de alegría a la que se nos invita en este domingo. Pero nada más lejos de la realidad.

Si nos alegramos es por la cercanía del Redentor, porque sabemos que nuestra salvación está cerca, que el esposo llega para celebrar el desposorio con la humanidad que aguarda al Mesías, al Salvador. Toda la creación se alegra. Bien lo dice Isaías: "El desierto y el yermo se regocijarán, se alegrarán el páramo y la estepa, florecerá como flor de narciso, se alegrará con gozo y alegría”. En medio de las dificultades y de los quebraderos de cabeza somos llamados a la esperanza y a la alegría, porque Dios ha entrado dentro de nuestra historia, de nuestra vida. No podemos ser cristianos tristes y pesimistas.

El universo entero se goza porque sabe cuál es la respuesta a la pregunta que Juan, el Bautista, hace a través de sus discípulos a Jesús: "¿Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro?”. Y, en efecto, ya no hay que esperar más: Jesús es el Mesías, el Ungido de Dios, el Hijo del Dios vivo. No hay vuelta atrás en la historia. Cristo es la plena revelación y la palabra definitiva del Padre Eterno. Al integrarse en nuestra temporalidad, al hacerse uno de nosotros, ha dado cumplimiento a todas las antiguas promesas hechas por boca de los profetas. La Plenitud de los tiempos ha llegado.

La luz de la vela de este tercer domingo de Adviento nos orienta para dar testimonio cristiano con las obras y con la palabra. Nuestra fe no es una creencia desencarnada, ajena a las necesidades del hombre o a las angustias del mundo. "Los ciegos ven...; los muertos resucitan y a los pobres se les anuncia el Evangelio”, respondió Jesús a los seguidores de Juan, el Bautista. Es la alegría compartida con el que no la tiene; la misericordia hecha latido del corazón con quien busca esperanza. Es la fe que se traduce en obras y cercanía y acogida al necesitado. La luz de la vela de este domingo de la alegría es faro para construir humanidad. "Con Cristo siempre nace y renace la alegría”, dice el Papa. Arranquemos los malos deseos de nuestro corazón que carcomen la alegría que el Señor nos ha traído. Confesemos nuestro pecado "para entrar en ese río de la alegría”.


Última modificación: jueves, 11 de mayo de 2017, 11:45