Intervención de Mons. Barrio en la Cope: 2 de diciembre de 2016

En este esperanzador camino del Adviento, la Iglesia nos presenta dentro de unos días la solemnidad de la Inmaculada Concepción de la Virgen María. En efecto, esta fiesta es una etapa importante en este peregrinar hacia la Navidad. El calendario litúrgico nos la propone como manifestación expresa y explícita de la grandeza de Dios, de la disponibilidad de María y de que, en el fondo, para Dios nada hay imposible.

Si de verdad todos fuésemos "hombres y mujeres de diciembre”, por así decirlo, como metáfora de un vivir siempre en alerta y esperanzado aguardando la llegada del Salvador, no tendríamos más remedio que pronunciar también nosotros las palabras de la doncella de Nazaret: "Hágase en mí según tu palabra”. ¿Pero de verdad nos fiamos plenamente de Dios? ¿En serio creemos que Él sabe mejor que nosotros lo que nos conviene?

Tendemos todos a confiar en demasía en nuestros propios medios, y como el rey David basar su seguridad en el número de sus soldados,  con el riesgo de caer en la gran tentación del pelagianismo, esa que sitúa el yo orgulloso como faro de actuación y se olvida del regalo de la gracia. Y nuestras solas fuerzas de poco valen cuando no dejan acoger el don del Espíritu.

Es cierto que Dios nos llama y nos suele pedir lo inesperado. Él siempre es sorprendente y nosotros temerosos de perder nuestras pequeñas seguridades, nuestras comodidades. En María no fue así. Ella escuchó el saludo del ángel Gabriel y, a pesar de su humana turbación ante la magnitud de su elección, no lo dudó: con su SÍ rompió el bloqueo que el hombre había puesto a los planes de Dios.

Sí, es verdad, para Dios no hay nada imposible. Y en la humildad de quien se confiesa "esclava del Señor” percibimos la "ironía” divina, esa que elige lo pequeño y lo escondido para confundir nuestras suficiencias y soberbias, nuestras ansias de figurar y de dominar. Esa humildad de María, asumida e interiorizada por cada uno de nosotros, es la que nos permitirá, junto a ella, proclamar la grandeza del Señor y que nuestro espíritu se alegre en Dios, nuestro Salvador.

Última modificación: jueves, 11 de mayo de 2017, 11:44