Intervención de Mons. Barrio en la Cope: 18 de noviembre de 2016

Hemos percibido en los días pasados un inusitado interés por los resultados de las elecciones presidenciales en los Estados Unidos. Las interpretaciones que se han hecho sobre la voluntad de los ciudadanos norteamericanos expresada en las urnas por parte de los analistas y de los expertos son, ciertamente, divergentes. En el fondo es la demostración de que por lejanos que estén geográficamente los distintos sucesos que acontecen en el mundo, el fenómeno de la globalización hace que los sintamos cercanos y que percibamos que nos pueden afectar.

El marco de la actuación política no es, evidentemente, ajeno a la misión de la Iglesia. Respetando la autonomía de los poderes civiles -"a César lo que es de César; a Dios, lo que es de Dios”-, la Iglesia puede y debe iluminar desde su raíz evangélica esta dimensión tan esencial para el bien común de las sociedades. En su Doctrina Social encontramos siempre un faro de luz para orientar las conductas y establecer principios sólidos que procuren efectivamente ese bien común.

El primero y acaso más principal de esos principios es el de colocar a la persona humana en el centro de las políticas. Lejos de cualquier tentación de utilización o de cosificación, respetando su dignidad y garantizando sus libertades y derechos fundamentales; primando el quién eres sobre el cómo eres o cómo vives. No vivimos tiempos fáciles. Pero no vivimos ni en el desaliento ni en la desesperanza. Para quien se confiesa cristiano la visión sobre el poder político es la propia de esta fiesta de Cristo Rey: Jesús, crucificado, fracasado humanamente, en el tormento de la cruz se ciñe la corona del servicio y de la entrega. Y el Padre le glorifica para siempre. Cristo es el rey que reina en el amor que se desborda y no en el odio o la división. Su reino no es de este mundo: es el reinado de la verdad de Dios sobre el tiempo, sobre la historia y sobre el hombre.

Los cristianos no debemos olvidar aquellas certeras palabras de Jesús: "Sabéis que los jefes de los pueblos los tiranizan y que los grandes los oprimen. No será así entre vosotros: el que quiera ser grande entre vosotros, que sea vuestro servidor;  y el que de vosotros quiera ser el primero, que sea el servidor de todos”. Servir desde el poder y no servirse del poder es una clave para calibrar las cualidades del gobernante y de cuantos aspiran, legítimamente, a gobernar en elecciones democráticas. Servir al hombre y llevarlo a Dios: En el reinado de Cristo encontramos la clave para evitar repetir los dramáticos errores que tanto dolor y sufrimiento causaron a través de la historia.


Última modificación: jueves, 11 de mayo de 2017, 11:43