Intervención de Mons. Barrio en la Cope: 4 de noviembre de 2016

Como sabéis, hace algunos días nos ha sorprendido gratamente un importante descubrimiento arqueológico en nuestra catedral. El hallazgo se correspondía con una figura que, a juzgar por la opinión de los expertos, procedía del taller del maestro Mateo, el autor del Pórtico de la Gloria. Parece increíble que tras casi un siglo de estudio riguroso y científico de nuestra catedral, todavía nos podamos alegrar de encontrar piezas que nos hablan, en el fondo, de lo que somos y de cuáles son nuestras raíces. Estos pequeños "guiños” de la historia son como una metáfora de los signos que Dios va poniendo en nuestra vida para que recordemos de dónde venimos y a dónde vamos.

Constantemente los sucesos de la vida cotidiana nos ofrecen la posibilidad de "religarnos” a Dios. Puede tratarse de hechos de muy diversa  índole: desde el nacimiento de un nuevo miembro de la familia a la enfermedad de una persona mayor; desde los progresos académicos de un hijo a la pérdida de un empleo; desde un fallecimiento al enamoramiento de un joven que comienza a vivir... En todas esas circunstancias se hace presente Dios, y depende de nosotros, de nuestra capacidad y de nuestra actitud, el convertirlas en un verdadero acontecimiento significativo para nuestras vidas.

Si fuésemos siempre capaces de ver ese sentido profundo de los hechos cotidianos, estaríamos en condiciones de agradecer constantemente ese paso silencioso, delicado, de Dios en nuestras vidas. Dios siempre camina a nuestro lado. Siempre está de nuestra parte. Siempre escribe un mensaje de amor en nuestra pequeña historia. Lo único que hace falta para ser conscientes de ello, como con el descubrimiento arqueológico reciente en nuestra catedral, es que nos atrevamos a entrar en esos espacios de nuestro interior en los que más fácilmente podemos escuchar la voz del Señor: allí siempre está Él, belleza siempre antigua y siempre nueva de la que hablaba San Agustín.

Pidámosle a Dios que nos dé esa gracia de ver como acontecimientos, como ocasiones de encuentro con Él, los sucesos normales de nuestra vida. Ese es el sendero por el que transita la santidad de tantos hermanos nuestros que, como hemos visto en la Fiesta de todos los Santos, han sabido introducir su historia en la eternidad de Dios.


Última modificación: jueves, 11 de mayo de 2017, 11:42