Intervención de Mons. Barrio en la Cope: 29 de abril de 2016

La fiesta de San José Obrero nos motiva a todos los cristianos, cada año, a analizar cuál es la realidad social y laboral del concreto momento histórico que nos toca vivir. Y, ciertamente, la situación no es halagüeña. Hace escasos días se daban a conocer los datos estadísticos de la Encuesta de Población Activa (EPA), que ponían de manifiesto un incremento del paro en el primer trimestre de 2016, hasta situar el número de personas sin empleo en el conjunto de España en 4.791.400. La tasa de paro, con este aumento del desempleo en  11.900 personas, se sitúa en el 21%.

También esta semana, Cáritas Española daba a conocer su informe sobre Economía Solidaria 2015, con el título "Economía y Personas. Cambiando el foco, cambiamos los resultados”, en cuya presentación se ponía de manifiesto que "los datos siguen mostrando una situación de vulnerabilidad laboral que, en España, afecta a casi 4,8 millones de personas y, de manera especial, a los 2,8 millones que llevan más de un año sin trabajo”, según apuntó uno de los responsables del informe.

La cristiana virtud de la esperanza no nos permite ser pesimistas o caer en el desánimo y la frustración. Pero hemos de reconocer que no faltan motivos objetivos para la preocupación por el futuro económico de nuestras familias, que a ejemplo de la Familia de Nazaret, como San José, se ganan el pan de cada día con su esfuerzo y trabajo. A la Iglesia, ninguna preocupación humana le es ajena y los cristianos tenemos que recordar a los responsables políticos que realidades como el paro son las "preocupaciones reales” de miles de familias con dificultades para llegar a fin de mes.

Más allá del control del déficit o de la evolución de la deuda pública, más allá de los avatares electorales, que a veces se antojan eternos, por legítimos que sean, una política con mayúsculas debería ocuparse de garantizar la justa distribución no sólo de la riqueza, sino también de los esfuerzos sociales para afrontar la crisis. Tenemos que recuperar entre todos la dimensión personal y personalista de la Doctrina Social de la Iglesia, para garantizar que cada hombre y mujer estén en el centro de la actividad económica y que ésta no sea únicamente preocupación por los datos macroeconómicos, sino desvelo por las economías domésticas.


Última modificación: jueves, 11 de mayo de 2017, 11:33