Intervención de Mons. Barrio en la Cope: 22 de abril de 2016

Hace unos días, se hacía pública una nota de la Conferencia Episcopal Española en la que se hablaba de la enseñanza religiosa en nuestra nación. Y más allá de la importancia de las estadísticas de los alumnos -un 63% optan por la clase de Religión- querría hoy reflexionar sobre el proceso de secularización que, de unos años a esta parte, propicia una tendencia a la baja en el número de niños, adolescentes y jóvenes que eligen la clase de Religión.

En el Plan Pastoral para los próximos cinco años, los obispos españoles hemos dicho que "en la vida pública, el silencio sobre Dios se ha impuesto como norma indiscutible. Este silencio va produciendo una falta generalizada de aprecio y de valoración no sólo del cristianismo, sino de cualquier referencia religiosa Cada vez más la mentalidad de nuestros conciudadanos, también de no pocos cristianos, y especialmente de las generaciones nuevas, se va haciendo pragmática, sin referencias habituales a Dios y a la vida eterna” (I, 1).

Y aquí es donde los padres de familia jugáis un papel imprescindible, porque la transmisión de la fe a los hijos es también un proceso en el que se conjuga la enseñanza de las primeras verdades en familia, con la elección de la clase de Religión como reflejo a vuestro derecho primario de educar y formar a vuestros hijos según vuestras convicciones.

Optar por la clase de Religión es hoy en día una decisión testimonial, en el sentido de que es manifestar ante la comunidad escolar que la dimensión religiosa de la persona es un valor en sí misma y que desear que los hijos profundicen en su conocimiento es un acto responsable y coherente con el modo de vida de la propia familia. Esto conlleva significar que "también” Dios juega un papel protagonista en la sociedad, en la educación y en los valores que transmitimos a los jóvenes. Cualquier cortapisa que el Estado o las administraciones educativas establezcan a ese derecho primario es en el fondo un intento de asumir un rol en proceso educativo que no les corresponde. Los poderes públicos no pueden imponer su cosmovisión del mundo. Sólo les cabe tutelar que el derecho de los padres a la educación de sus hijos se ejercite con plena libertad y totales garantías.


Última modificación: jueves, 11 de mayo de 2017, 11:32