Intervención de Mons. Barrio en la Cope: 18 de marzo de 2016

El Domingo de Ramos constituye un gozoso pórtico a las celebraciones de Semana Santa, que realmente es el tiempo de mayor importancia en el transcurso del Año Litúrgico para los cristianos. En estos días, nuestras calles y plazas se pueblan de expresiones populares de religiosidad. Las distintas tallas y los pasos procesionales que recorren nuestras ciudades, villas y pueblos son una manifestación popular y cultural de la fe.

Esta presencia popular pone de manifiesto la hondura de la relación entre los pueblos de nuestra nación y la fe predicada en nuestra variada geografía por el Apóstol Santiago. El gran filósofo y sacerdote Manuel García Morente hablaba de que "entre la nación española y la religión católica hay una profunda y esencial identidad”[1]para destacar precisamente esa genial inculturación de la fe en la tradición de los pueblos de España.

Las imágenes que procesionan no son un mero espectáculo de riqueza artística o un muestrario de nuestra riqueza iconográfica: son el rostro y la imagen de una devoción popular que convierte a los pasos y a las tallas en ocasión para elevar una oración o para inspirar en quien está viendo el andar de los cofrades un deseo de acompañar a Cristo en los momentos cruciales de su misión salvadora.

Las palmas y los ramos de olivo de este domingo de la entrada triunfal de Nuestro Señor en Jerusalén, con que acompañamos las procesiones de esta solemnidad, nos han de ayudar a vivir con intensidad de seguidores de Jesús, y no sólo como espectadores, el misterio pascual. Un misterio que nos introduce en la contemplación del dolor y el sufrimiento de Cristo, que es presencia constante en el sufrimiento y dolor de tantas personas heridas por la enfermedad, la penuria o la soledad. Si logramos acompañar al Señor en su pasión, muerte y resurrección, también estaremos en condiciones de acompañar al que se duele de las angustias de la vida. Y así, con Cristo y la fuerza del Espíritu, seremos capaces de experimentar la fuerza sanadora de su resurrección. ¡Os deseo una gozosa celebración de la Semana Santa!

[1] ("Ideas para una filosofía de la Historia de España”, Discurso en la Universidad de Madrid en la apertura del curso académico 1942-194)


Última modificación: jueves, 11 de mayo de 2017, 11:29