Intervención de Mons. Barrio en la Cope: 4 de marzo de 2016

Esta semana los aficionados al cine han asistido a la ceremonia de entrega de los premios Oscar, una cita con la que la Academia premia a los mejores actores y actrices y a las que considera mejores películas del año. El cine está considerado como el séptimo arte y a través de él se expresan emociones y sentimientos tan humanos como en el resto de las artes. La realidad del cine es tan cercana a nosotros que con frecuencia hablamos de nuestra vida como de la "película de nuestra vida”, como si fuese una sucesión de escenas o secuencias, con un principio y un final, y sujetas a un guión.

Y no es una mala imagen si somos conscientes de que para el director de cada una de estas vidas-película, es decir para Dios, cada uno de nosotros nunca es ni actor de reparto ni un secundario: somos siempre el protagonista principal, la estrella del filme. Dios nos ama y ha escrito el guión de nuestras vidas individualmente, para cada uno de nosotros. Nos señala un papel, nos da plena libertad para interpretarlo, incluso para rechazarlo, nos provee de todo lo necesario para que nuestra actuación llegue a esa culminación de conseguir el Oscar al mejor actor y de llegar a la salvación eterna.

Dios es el mejor director y guionista de nuestras vidas-película. Nos va indicando el modo de actuar con sosiego, con serenidad, con un amor inmenso, con una paciencia constante y con una misericordia infinita, acostumbrado como está a nuestros fallos de memoria sobre el guión, a nuestra falta de compromiso con la interpretación, a creernos a veces que somos nosotros los que hacemos grande y hermosa nuestra película, cuando en realidad es todo un inmenso don y regalo de nuestro Dios director.

La película de nuestra vida cobra pleno sentido cuando actuamos en ella con plena entrega a lo que pide el Señor, cuando hay total sintonía entre el guión y nuestra propia decisión de interpretar fielmente el papel que se nos ha encargado. En este tipo de cine el rodaje y la acción llevan siempre el sello de perfección de una obra maestra y eterna: llevan el sello de Dios.


Última modificación: jueves, 11 de mayo de 2017, 11:26