Intervención de Mons. Barrio en la Cope: 19 de febrero de 2016

Conforme avanza la Cuaresma, en muchas parroquias, movimientos o asociaciones se van programando encuentros de oración, charlas de reflexión, retiros o ejercicios espirituales. Son iniciativas saludables a las que se nos invita para nuestra edificación espiritual desde la serenidad y el sosiego, escuchando en silencio lo que Dios nos quiera decir.

Una insistencia constante de la Cuaresma es la oración, indispensable para todo creyente. Hay que hacer un esfuerzo -cada cual según sus circunstancias vitales y personales- para tener esos momentos de encuentro con el Señor que nos permitan afrontar los retos cotidianos de nuestra existencia con la gracia y la fortaleza que provienen del Espíritu Santo. Rezar no es evadirse de la realidad. Muy al contrario: es tomar la realidad en las manos e iluminarla a la luz del designio amoroso del Padre para que encuentre su pleno significado. Muchas veces se nos hará dura la realidad y, a pesar de nuestros deseos, no nos será posible cambiarla: pero siempre encontraremos la clave de su sentido confiándonos a la providencia divina. No nos será posible, tal vez, evitar el dolor; pero lo integraremos en el mapa de nuestras vidas.

La oración es como esos sofisticados instrumentos tecnológicos que permiten certificar la existencia de ondas que gravitan en nuestro entorno: en la oración se percibe el inefable sonido del amor de Dios Padre que en su providencia amorosa cuida de nosotros, invitándonos a tener parte en la felicidad de la vida eterna.

Es necesario saber escuchar a Dios, abiertos a su palabra, y abrirnos a los hermanos como rezamos en Padrenuestro. Si llamamos a Dios Padre, hemos de reconocernos hermanos los unos de los otros. Quien pide el pan cada día lo pide para todos y lo comparte con todos. Quien pide el perdón de Dios, lo pide también al hermano a quien ha ofendido y lo otorga a quien ha faltado contra él. Por eso rezar es transitar por el camino de la conversión, es también compartir y vivir un estilo sencillo de vida, en el que la comunión con los hermanos se transforma en gestos concretos de caridad, apoyados en esa fuerza vital del Espíritu que inspira a todos a decir Abbá, Padre.


Última modificación: jueves, 11 de mayo de 2017, 11:24