Intervención de Mons. Barrio en la Cope: 24 de marzo de 2017

La Jornada por la Vida 2017 se celebra mañana sábado, día 25 de marzo, solemnidad de la Anunciación del Señor, bajo el lema "La luz de la fe ilumina el atardecer de la vida”, en referencia a la etapa final de la vida humana. Es un hermoso lema que nos coloca en esa dimensión del cuidado esmerado y delicado de nuestros mayores, frágiles y débiles, pero que representan con dignidad inmensa el transcurrir del tiempo y de la historia en sus vidas y en las nuestras.

Juan Pablo II en su Carta a los Ancianos del año 1999, cuando el santo pontífice ya vivía en su propia carne los efectos de la edad reflexionaba sobre el ocaso de la vida: "Sin embargo, también a nosotros, ancianos, nos cuesta resignarnos ante la perspectiva de este paso. En efecto, éste presenta, en la condición humana marcada por el pecado, una dimensión de oscuridad que necesariamente nos entristece y nos da miedo. En realidad, ¿cómo podría ser de otro modo? El hombre está hecho para la vida, mientras que la muerte -como la Escritura nos explica desde las primeras páginas (cf. Gn 2-3)-  no estaba en el proyecto original de Dios, sino que ha entrado sutilmente a consecuencia del pecado, fruto de la "envidia del diablo” (Sb 2, 24) (nº 14).

Vivir en el pórtico de la última edad para cada uno o cruzar este umbral hacia la eternidad, hacia la vida verdadera en la que ya no habrá dolor físico, limitación o sufrimiento, es un acontecimiento que los mayores tienen derecho a vivir en comunidad. ¡Cuántas veces hiere más al anciano el sentirse en soledad que el convivir con los achaques de la vejez! La solidaridad intergeneracional se vive en la familia, respetando a los padres y enseñando a los hijos a cuidar de los abuelos. Y se vive en aquellos profesionales que cuidan de esos mayores que, por su estado, ya requieren una atención especializada.

"Cuando el anciano pierde la salud física, aparece la demencia  o se desvanece la ilusión y queda a merced de los cuidados de los demás surge una situación difícil para el propio anciano y para su familia, que requiere de la ayuda solícita de la sociedad, de las instituciones y de la Iglesia”, se lee en el mensaje de este año de la Subcomisión Episcopal para la Familia y la Defensa de la Vida. Se trata de un compromiso que nos recuerda a todos nuestro propio destino y nos hace más humanos. Y que es un acto de justicia con nuestros ancianos.

Última modificación: jueves, 11 de mayo de 2017, 00:11