Carta Pastoral en el Día del Corpus Christi (junio 2016)

Misericordia y caridad

Queridos diocesanos:

La celebración del Corpus Christi es bendición y compromiso. Bendecimos a Dios que lo ha hecho todo para nuestro bien y nos comprometemos a acercarnos a Jesús y a su proyecto cuando celebramos la Eucaristía. El Año Jubilar Extraordinario de la Misericordia nos está dando la posibilidad de redescubrir y vivir la misericordia, testimoniándola en las obras de misericordia y de caridad. Referencia imprescindible es la participación en la Eucaristía, que nos ofrece vivir el don de nosotros mismos con la gracia divina en el servicio a los demás y a la comunión. La Eucaristía "nos adentra en el acto oblativo de Jesús [...] La unión con Cristo es al mismo tiempo unión con todos los demás a los que él se entrega. No puedo tener a Cristo sólo para mí; únicamente puedo pertenecerle en unión con todos los que son suyos o lo serán. La comunión me hace salir de mí mismo para ir hacia Él, y por tanto, también hacia la unidad con todos los cristianos. Nos hacemos un cuerpo, aunados en una única existencia. Ahora, el amor a Dios y al prójimo están realmente unidos: el Dios encarnado nos atrae a todos hacia sí [...] Una Eucaristía que no comporte un ejercicio práctico del amor es fragmentaria en sí misma. Viceversa el mandamiento del amor es posible sólo porque no es una mera exigencia: el amor puede ser mandado porque antes es dado”[1], escribía el papa Benedicto XVI.

En este sentido son iluminadoras las palabras del papa Francisco cuando dice: "Quien celebra la Eucaristía no lo hace porque se considere o quiere aparentar ser mejor que los demás, sino precisamente porque se reconoce siempre necesitado de ser acogido y regenerado por la misericordia de Dios, hecha carne en Jesucristo. Si cada uno de nosotros no se siente necesitado de la misericordia de Dios, no se siente pecador, es mejor que no vaya a misa. Nosotros vamos a misa porque somos pecadores y queremos recibir el perdón de Dios, participar de la redención de Jesús, en su perdón”[2].

Estas reflexiones hemos de tenerlas presentes en la celebración del Jubileo Extraordinario de la Misericordia que "es la respuesta que viene del Evangelio: el amor como fuerza de purificación de las conciencias, fuerza de renovación de las relaciones sociales, fuerza de proyección para una economía distinta, que pone en el centro a la persona, el trabajo, la familia, en lugar del dinero y el beneficio”[3]. Ya en el umbral del Año Jubilar se nos decía: "Estamos llamados a vivir de misericordia, porque a nosotros en primer lugar se nos ha aplicado misericordia. El perdón de las ofensas deviene la expresión más evidente del amor misericordioso y para nosotros cristianos es un imperativo del que no podemos prescindir. ¡Cómo es difícil muchas veces perdonar! Y, sin embargo, el perdón es el instrumento puesto en nuestras frágiles manos para alcanzar la serenidad del corazón. Dejar caer el rencor, la rabia, la violencia y la venganza son condiciones necesarias para vivir felices... Y sobre todo escuchemos la palabra de Jesús que ha señalado la misericordia como ideal de vida y como criterio de credibilidad de nuestra fe”[4]. Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán  misericordia (Mt 5,7), es el hilo del tapiz de este Año Jubilar. También nosotros tocamos el borde del manto de Jesús cuando se nos conmueven las entrañas y ofrecemos nuestra mano a los que más sufren o cuando la compasión de los demás hacia nuestra fragilidad nos acerca el sol de la misericordia divina. Por eso tengo presente a muchas religiosas y a tantas mujeres de nuestras ciudades, villas y aldeas de nuestra diócesis que en sus casas atienden y cuidan a mayores y enfermos. ¡Cómo no hacer referencia a médicos, enfermeras, enfermeros y personal sanitario en el delicado cuidado de los enfermos en los hospitales y residencias sanitarias! Compartiendo la debilidad de quienes cuidan se tallan para sí un corazón más fuerte que el de "los sanos”. ¿Quién dejará de alabar y reconocer la misericordia del Padre viendo la de sus hijos? Por lo demás, ¿quién podrá negar que muchas veces hay tanto amor en quien se deja querer y cuidar como en quien ofrece atención? Pues esto tiene la ternura: humaniza a quien la ofrece y también al que la recibe.

Día de la Caridad

"Como el Padre me ha amado, así os he amado yo; permaneced en mi amor... Este es mi mandamiento que os améis unos a otros como yo os he amado” (Jn 15,9.12). En Cristo encontramos la fuerza para cambiar nuestra vida y la sociedad. La Eucaristía, "fuente y cima de la vida cristiana”, comunica y alimenta el amor a Dios y a los hombres, capaz de llenar de contenidos evangélicos los comportamientos y la cultura que nos rodea. El milagro se realizará si sabemos compartir y ser solidarios, ofreciendo los panes y peces que llevamos cada uno de nosotros. Nos puede parecer que es poco lo que podemos ofrecer ante tantas necesidades espirituales y materiales, pero ese poco puesto a disposición de los demás hace que el milagro se realice (cf. Jn 6,1-13). Con frecuencia nos referimos a la solidaridad, concepto muy valorado, pero tal vez no la ponemos suficientemente en práctica, superando los individualismos, la avidez, la especulación desenfrenada, colocando en el centro a las personas y buscando el bien de todos. Jesús nos dijo que no sólo de pan vive el hombre. Pero éste se está empeñando en vivir de solo pan y las consecuencias son el propio egoísmo y el pasar de lejos ante los demás a quienes se considera enemigos y competidores en un bien común que ve como exclusivamente suyo. El amor es un lenguaje que nos habla de Dios; el testimonio cristiano suscita interrogantes; el compromiso caritativo promueve el desarrollo integral; y el acompañamiento a las personas ofrece posibilidad de diálogo. La misericordia es lenguaje universal, la caridad es lenguaje cristiano.

Agradeciéndoos vuestra colaboración generosa para ayudar a los más necesitados, os saluda con todo afecto y bendice en el Señor,

+ Julián Barrio Barrio,
Arzobispo de Santiago de Compostela.

 

[1] BENEDICTO XVI, Deus caritas est, 13-14.

[2] FRANCISCO, Audiencia general, 12-2-14.

[3] FRANCISCO, Encuentro con la población y convocación del Año Jubilar Celestiniano, Isernia, 5-7-2014.

[4] FRANCISCO, Misericordiae vultus, 9.

 

Última modificación: lunes, 20 de febrero de 2017, 17:47