Custodiar la obra de la creación

"El Señor Dios tomó al hombre y lo colocó en el jardín del Edén para que lo cultivara y guardara” (Gen 2,15)

 

Introdución

Problemas ambientales de la civilización actual

  1. Gran expectativa está suscitando la próxima encíclica del papa Francisco sobre cuestiones ecológicas cuya lectura animo a hacer en profundidad más allá de toda curiosidad. La custodia de la creación y la salud ambiental del planeta configuran uno de los grandes desafíos de la Humanidad para el siglo XXI. "Cultivar y custodiar la creación es una indicación de Dios dada no sólo al inicio de la historia, sino a cada uno de nosotros; es parte de su proyecto; quiere decir hacer crecer el mundo con responsabilidad, transformarlo para que sea un jardín, un lugar habitable para todos. Benedicto XVI recordó varias veces que esta tarea que nos ha encomendado Dios Creador requiere percibir el ritmo y la lógica de la creación. Nosotros en cambio nos guiamos a menudo por la soberbia de dominar, de poseer, de manipular, de explotar; no la «custodiamos», no la respetamos, no la consideramos como un don gratuito que hay que cuidar”[1].
  2. Cada día suscita mayor interés el conocimiento del estado del medio ambiente del planeta, ya que es un condicionante del bienestar social, sanitario y económico[2]. La industrialización y la urbanización modificaron el medio ambiente y originaron problemas ambientales de primer orden (el efecto invernadero y el cambio climático, la destrucción de la capa de ozono estratosférica, el transporte de contaminantes, la desertización etc.) que es preciso corregir. También es preciso evitar que las actividades futuras originen más deterioro en nuestro entorno a través de una política preventiva que permita un desarrollo sostenido y equilibrado, y tenga como objetivos la protección de la salud del hombre y la conservación de todos los recursos (aire, agua, suelo, clima, especies de flora y fauna, alimentos, materias primas, hábitat, patrimonio natural y cultural) que condicionan y sustentan la vida[3]. Las interrelaciones entre los diversos recursos y su gestión hacen cada vez más necesaria la puesta en marcha de estrategias globales, entre las que ocupa un papel fundamental el principio de prevención, ya que más vale prevenir que curar (aforismo de Hatckett). "La Edad Moderna se buscó su camino al amparo de los conceptos fundamentales de progreso y libertad. Pero, ¿qué es progreso? Hoy vemos que el progreso también puede ser destructivo. En tal sentido hemos de reflexionar sobre cuáles son los criterios que debemos encontrar para que el progreso sea realmente progreso”[4].

 

Breve referencia histórica

  1. La fuerte conexión entre medio ambiente y salud se reconoce expresamente en los distintos foros donde se ha tratado este tema[5], donde se acuñó la idea de desarrollo sostenible, que expresa la imposibilidad de un desarrollo sin contar con el medio ambiente. La protección del medio ambiente y el desarrollo económico y social son pilares inseparables del desarrollo sostenible. El VII Programa Comunitario de Acción en materia de Medio Ambiente con el título "Vivir bien, respetando los límites de nuestro planeta”, se basa en la creencia de que la prosperidad económica y el bienestar de los ciudadanos europeos dependen del estado de salud de su capital natural. Recoge el reto que tenemos ante nosotros así como nuestro objetivo a largo plazo. En términos económicos, vivir bien significa tener un trabajo digno que proporcione ingresos suficientes, pero también tener acceso a bienes y servicios. Desde el punto de vista físico, vivir bien, significa disfrutar de una vida sana, sin enfermedades, tensiones ni ruido, y tener acceso a aire y agua limpios.

    En el Congreso Internacional sobre Ecología organizado por el Pabellón de la Santa Sede en la Exposición Internacional de Zaragoza, en 2008, se abordó "La cuestión ecológica: la vida del hombre en el mundo”. En la introducción a la publicación de las actas del encuentro, se podía leer que "la cuestión ecológica no es simplemente una "urgencia de la naturaleza”, sino también, de manera directa e inmediata, una "emergencia antropológica” y un "problema ético” singular y colectivo”. La condición de creatura del hombre le une íntimamente al cuidado y protección de la naturaleza, a su preservación y transmisión a las futuras generaciones. Que el hombre sea el centro de la creación debe ser garantía de su compromiso de preservación del entorno ambiental.

 

Empresa y medio ambiente

  1. La empresa tiene una especial responsabilidad ante el medio ambiente al ser consumidora de recursos, además de fuente de emisiones y residuos; pero también es origen de conocimientos científicos y tecnológicos, así como de positivos impactos socioeconómicos; lo cual ha llevado a muchas empresas a integrar la política ambiental en las estrategias corporativas adoptando criterios de protección del entorno en la planificación de actividades y toma de decisiones, lo que implica también a las asociaciones empresariales, ya que la protección del medio ambiente en la empresa constituye una responsabilidad corporativa. De hecho, las empresas que quieren ser competitivas en el mercado actual tienen que cuidar su imagen ecológica, y por tanto no les queda más remedio que destinar más recursos e invertir en medio ambiente, asumiendo un mayor nivel de compromiso con la sociedad.

 

 A la espera de la Encíclica del papa Francisco

  1. "Los Papas han hablado de ecología humana, estrechamente ligada a la ecología medioambiental. Nosotros estamos viviendo un momento de crisis; lo vemos en el medio ambiente, pero sobre todo lo vemos en el hombre. La persona humana está en peligro: esto es cierto, la persona humana hoy está en peligro; ¡he aquí la urgencia de la ecología humana! Y el peligro es grave porque la causa del problema no es superficial, sino profunda: no es sólo una cuestión de economía, sino de ética y de antropología. La Iglesia lo ha subrayado varias veces; y muchos dicen: sí, es justo, es verdad... Pero el sistema sigue como antes, pues lo que domina son las dinámicas de una economía y de unas finanzas carentes de ética. Lo que manda hoy, continua diciendo el papa Francisco, no es el hombre: es el dinero, el dinero; la moneda manda. Y la tarea de custodiar la tierra, Dios Nuestro Padre la ha dado no al dinero, sino a nosotros: a los hombres y a las mujeres, ¡nosotros tenemos este deber! En cambio hombres y mujeres son sacrificados a los ídolos del beneficio y del consumo: es la «cultura del descarte». Si se estropea un computer es una tragedia, pero la pobreza, las necesidades, los dramas de tantas personas acaban por entrar en la normalidad. Si una noche de invierno, aquí cerca, en la vía Ottaviano por ejemplo, muere una persona, eso no es noticia. Si en tantas partes del mundo hay niños que no tienen qué comer, eso no es noticia, parece normal. ¡No puede ser así! Con todo, estas cosas entran en la normalidad: que algunas personas sin techo mueren de frío en la calle no es noticia. Al contrario, una bajada de diez puntos en las bolsas de algunas ciudades constituye una tragedia. Alguien que muere no es una noticia, ¡pero si bajan diez puntos las bolsas es una tragedia! Así las personas son descartadas, como si fueran residuos”[6].

 

Medio ambiente y salud

  1. La salud es un estado de completo bienestar físico, mental, social y espiritual: es sentirse bien con uno mismo, con los demás y con Dios, y en armonía con el entorno que nos rodea y no es solamente la ausencia de enfermedad. La aspiración del ser humano debe ser llegar al máximo perfeccionamiento posible de su salud. Si bien en la salud humana influye en cierta medida nuestro componente genético, es evidente que los factores de riesgo ambientales (la calidad ambiental del nicho ecológico en el que vivimos) y los estilos de vida inadecuados (hábitos poco saludables: tabaquismo, alcoholismo, excesos en la alimentación, vida sedentaria, etc.) son los que condicionan y contribuyen fundamentalmente a la presentación de las enfermedades de la civilización actual. Como ejemplo de la influencia que ejerce el medio ambiente en salud, cabe destacar que cada año, unas 4,3 millones de muertes ocurren en el mundo por exposición a la contaminación del aire interior y otras 3,7 millones se atribuyen a la polución del aire exterior[7].
  2. La interacción entre el medio ambiente y la salud es de vital importancia para la salud ambiental del planeta y la salud pública de sus habitantes, de ahí la necesidad de propiciar la habitabilidad de la tierra, adelantándonos a los problemas y sus previsibles consecuencias, poniendo remedio a tiempo con los medios que tenemos a nuestro alcance, pensando en las generaciones venideras. Tenemos que hacer posible el derecho a una vida digna y que todos los seres humanos de este mundo tengan cubiertos aspectos básicos y fundamentales como el acceso a la alimentación, al agua potable, y a la atención sanitaria, a la educación, a la libertad y a la paz; lo cual sólo será posible si se aplican los principios elementales de justicia, libertad, y solidaridad de la humanidad. La salud ambiental del planeta tiene que dejar de ser una esperanza alcanzable y tendrá que convertirse algún día no muy lejano en una realidad tangible para todos los habitantes del planeta. Si siempre nos agobia la posibilidad de un holocausto nuclear, no debemos subestimar la de un holocausto ambiental causado por la destrucción desconsiderada de recursos ecológicos vitales y la multiplicación de atentados cada vez más insidiosos contra la defensa y el respeto a la vida humana[8]. En la perspectiva cristiana el hombre está situado entre Dios y la creación. La creación es un don, y ese don es portador de la vida. Nuestra vida, a la vez física y humana, ¿no es el valor por excelencia que tratamos a toda costa de salvaguardar? Hoy se habla de "calidad de vida”. El mensaje cristiano, a pesar de ciertas situaciones lamentables, confirma nuestra experiencia fudamental. Vivir es bueno. Dios ha querido y quiere que vivamos. Él nos dice que nuestra vida, en sus diferentes niveles, es algo bueno. Nos la da para coronarla un día de manera definitiva y absoluta. El creyente no está de ningún modo alienado con respecto a la creación.

 

Ante el cambio climático

  1. El cambio climático ejerce un impacto sobre la salud, por lo que está intrínsecamente vinculado a la salud pública, a la seguridad del agua y de los alimentos, a la de los movimientos migratorios, a la paz y a la seguridad. Es necesario un mayor nivel de compromiso para combatir y mitigar los efectos del cambio climático como una cuestión determinante de la actualidad. Adoptar medidas urgentes para mitigar el cambio climático antes que sea tarde y adaptarse a sus efectos es una cuestión moral ya que es necesario para erradicar la pobreza extrema, reducir la desigualdad y garantizar un desarrollo económico equitativo y sostenible. En la protección del Planeta Tierra, el problema no es sólo el cambio climático y demás, la raíz del problema está en que prevalecen los intereses de los más ricos sobre los más pobres. La lucha contra el cambio climático es un imperativo moral de toda la sociedad en su conjunto, ya que todos estamos obligados a colaborar en la salvaguardia de la creación. Es una cuestión de justicia social, de ética fundamental y de respeto por los derechos humanos.
  2. Tenemos que estar preparados para afrontar las posibles consecuencias del cambio climático, estableciendo una estrategia adecuada para afrontar el impacto de la variación del clima en las personas, sobre todo en las ciudades y poblaciones costeras que serán las más amenazadas. El cambio climático supone la oportunidad de implantar políticas sanitarias públicas que influyan en la consolidación de modelos sostenibles y hábitos de vida saludables. Aspectos como la planificación energética y urbanística y los cambios en los transportes (la movilidad verde) serán algunas de las claves a tener en cuenta para adelantarnos a los acontecimientos y minimizar en la medida de lo posible sus consecuencias.
  3. Los gobernantes han de prestar más atención y destinar más recursos al medio ambiente. Es preciso impulsar una política ambiental eficaz de carácter preventivo para afrontar con garantías la resolución de los problemas ambientales, establecer un conjunto de instrumentos y medidas para que la política ambiental integrada en la política socioeconómica, disponga de los recursos necesarios destinados a la corrección de los riesgos ambientales. Comprometerse con el medio ambiente conlleva destinar más recursos y trabajar con dedicación y de forma constante todos los días del año.

 

El medio ambiente, patrimonio común y tarea de todos

  1. El medio ambiente es patrimonio común de toda la Humanidad, su protección y conservación exige el esfuerzo solidario de toda la sociedad en su conjunto. La salud ambiental del planeta está en nuestras manos y es una tarea de todos alcanzar ese objetivo tan importante y deseable para toda la humanidad. El medio ambiente no tiene fronteras ni límites geográficos. Es de vital importancia la cooperación de las naciones de los cinco continentes y la coordinación de los actores principales que las representan, aunando esfuerzos y estableciendo sinergias y estrategias de actuación conjuntas por parte de gobernantes, empresarios, científicos, educadores, ecologistas, medios de comunicación social, población civil, y estando por encima de ideologías políticas, localismos, intereses económicos, etc., ya que "el aire que respiramos, el agua que bebemos, los alimentos que ingerimos, el suelo en el que residimos, los residuos que generamos y el paisaje que contemplamos y disfrutamos”, no tienen ni color político ni económico ni raza ni religión. Dios Padre "hace salir su sol sobre malos y buenos, y manda la lluvia a justos e injustos” (Mt 5,45). Todos los seres humanos que habitamos este planeta tenemos que estar en las mismas condiciones de igualdad ante la salud, la educación, la vivienda, etc. y poder disfrutar de una vida digna y de un medio ambiente sano, y lo que es más importante, que entre todos seamos capaces de construir un mundo mejor, un planeta en paz, más justo y solidario, más saludable y sostenible para todos los habitantes, y un mejor legado para las generaciones venideras, que nos lo agradecerán. "No se podrá recuperar el equilibrio ambiental si no es volviendo al genuino concepto de dominio del hombre sobre el ambiente... El problema ecológico se refiere al mismo tiempo a la naturaleza y al hombre, y no se podrá alcanzar una adecuada defensa del ambiente sin promover al mismo tiempo una acertada ecología del espíritu[9], a la que se refería san Juan Pablo II hablando a los jóvenes en Santiago de Compostela cuando afirmaba: "Estoy seguro de que a vosotros como a casi todos los jóvenes de hoy, os preocupa la contaminación del aire y de los mares, es decir, la problemática de la ecología. Os indigna el mal recuerdo de los bienes de la tierra y la creciente destrucción del medio ambiente. Y tenéis razón. Hay que actuar de foma coordinada y responsable, para cambiar esta situación antes de que nuestro planeta sufra daños irreparables. Pero, queridos jóvenes, también hay una contaminación de las ideas y de las costumbres que puede conducir a la destrucción del hombre. Esta contaminación es el pecado de donde nace la mentira”[10]

 

Esperanza de un futuro mejor para generaciones venideras

  1. El futuro está por hacer, está en nuestras manos qué tipo de sociedad queremos construir y dejarle a las generaciones venideras. Juntos y unidos podemos construir un mundo mejor, objeto de lo que podemos denominar ecología humana que busca crear con la colaboración de todos, un ambiente favorable a la persona y a su desarrollo. Todos tenemos el compromiso como ciudadanos libres y responsables, de participar activamente en la construcción de esa nueva sociedad del futuro. Tenemos que pasar de ser una sociedad silenciosa a convertirnos en una sociedad más comprometida y participativa. Tenemos que aprender a trabajar juntos con aquellos que piensan distinto, porque son muchas más las cosas que nos unen que las que nos separan, reduciendo el nivel de crispación de esta sociedad en todos los ámbitos, especialmente en el político. Es preciso acabar con la corrupción: "El enriquecimiento ilícito que supone constituye una seria afrenta para los que están sufriendo las estrecheces derivadas de la crisis; esos abusos quiebran gravemente la solidaridad y siembran la desconfianza social. Es una conducta éticamente reprochable, y un grave pecado”[11]. El empleo de los recursos ha de orientarse preferentemente a paliar el hambre en el mundo, satisfacer los derechos económicos-sociales de las personas en igualdad de oportunidades y superar las grandes desigualdades, recordando "que el planeta es de toda la humanidad y para toda la humanidad, y que el solo hecho de haber nacido en un lugar con menores recursos o menor desarrollo no justifica que algunas personas vivan con menor dignidad”[12]. Desde el respecto a la diversidad y a la libertad del ser humano, tendremos que esforzarnos desde nuestra responsabilidad individual, en ser testimonio vivo de comportamientos humanos impregnados de una mayor libertad responsable, honradez, tolerancia, solidaridad, defensa y respeto por la dignidad humana, prevaleciendo los valores éticos, morales y espirituales, que son los que realmente sustentan el ser de la persona. Tenemos que ser capaces entre todos de construir una sociedad nueva para todos los habitantes del planeta[13]. Ese día ganaremos el futuro.

 

Oportunidades para cambiar el rumbo de las cosas

  1. Las desigualdades sociales van en aumento, la migración, el impacto del cambio climático y el hambre en el mundo son algunos de los desafíos a los que nos enfrentamos pero se avecinan grandes oportunidades para trabajar y aunar esfuerzos si queremos alcanzar el desarrollo sostenible. Entre otros medios al respecto[14], la Encíclica sobre Ecología del papa Francisco, será una oportunidad que podrá ayudar a avanzar cara a la sostenibilidad futura del planeta.   Precisamente, esta Encíclica que verá la luz próximamente nos hará reflexionar e iluminará en este sentido y no me cabe ninguna duda que ejercerá una influencia positiva y aumentará el consenso mundial en torno a la autoridad moral del Papa. Necesitamos proponer cambios en los hábitos y comportamientos de los seres humanos, haciendo hincapié en la necesidad de promover estilos de vida saludables/sostenibles y de no malgastar los recursos naturales disponibles, que son escasos y no son inagotables.
  2. La injusta explotación de los recursos del Planeta Tierra es un pecado ante los ojos de Dios. Es nuestra responsabilidad y nuestro deber el alimentar un sentido de humanidad y de moderación. Todos y cada uno de los que tenemos alguna responsabilidad en nuestro ámbito de trabajo y de actuación, tenemos que poner el máximo empeño en despertar las conciencias respecto a la custodia de la creación. La protección y la conservación de la naturaleza es una tarea de todos, debe ser nuestro compromiso como ciudadanos libres y responsables. Es nuestra obligación moral. No podemos derrochar la energía (combustibles fósiles, gasolina, ...) y el agua, tenemos que reciclar el máximo posible (convertir los residuos en un recurso) y evitar despilfarrar los recursos de que disponemos ya que podría considerarse como una ofensa a los pobres y a todos aquellos que no disponen de los medios necesarios para sobrevivir con dignidad[15].

 

Ecología de la Humanidad

  1. Estamos destruyendo la creación, destruimos la naturaleza y no somos conscientes de que con ello nos estamos autodestruyendo a nosotros mismos. No nos damos cuenta de que estamos cambiando un jardín por un desierto. La naturaleza no es una propiedad de la que podamos abusar a nuestro antojo, sino un regalo de Dios Creador, un don para todos los que habitamos el planeta, y por tanto debe ser una tarea de todos el custodiarlo. No debemos ir en contra de la naturaleza. Dios siempre perdona, los hombres perdonamos algunas veces, pero la naturaleza no perdona nunca. Esto debemos tenerlo siempre presente. Es necesario valorar la Ecología de la Humanidad. Para cuidar la obra del Creador no basta con proteger y cuidar la fauna (los animales) y la flora (las plantas), sino que también tenemos que asegurarnos de que el aire, el agua y la tierra podrán sostener la vida de las futuras generaciones humanas que habitarán el planeta.
  2. Las causas del peligro de la habitabilidad de la tierra son profundas y no superficiales. Los hombres llevados por la prepotencia, la manipulación, la explotación, la soberbia del dominio, la codicia por poseer bienes materiales, etc., no solo nos olvidamos de custodiar la creación sino que no la respetamos, no la consideramos como un don gratuito que debemos cuidar y garantizar para las generaciones venideras[16]. Lamentablemente estamos perdiendo la sensibilidad y la capacidad de admiración, de contemplación, de escucha de la creación, con todo lo que ello lleva consigo. No olvidemos que el entorno natural nos aporta paz y bienestar, es lugar para la reflexión, el descanso, y la oración, es lugar para el encuentro con uno mismo y para compartir con los demás; razones todas ellas de peso para cuidar la naturaleza y valorarla. Tenemos que ser conscientes de que protegiendo la naturaleza estamos protegiendo a los seres vivos que habitan la tierra[17]. Los problemas de contaminación ambiental en los países más industrializados y desarrollados como consecuencia del desarrollo incontrolado han traído consecuencias negativas para la salud de la población. No es sólo una cuestión de economía sino también de ética del entorno y de antropología. Por tanto la misión del hombre es custodiar la naturaleza y la defensa apasionada de la Ecología. Protegiendo y cuidando la naturaleza es posible custodiar a las personas que habitan el planeta, preocuparse por todos, muy especialmente por los niños, por los ancianos, por los enfermos, en definitiva por los más débiles, etc. El antropocentrismo, rechazado mayoritariamente por la ciencia, es en cambio claramente proclamado por el cristianismo, desde la Biblia hasta el Vaticano II: "Creado el hombre a imagen de Dios, recibió el mandato de gobernar el mundo en justicia y santidad, sometiendo a sí la tierra y cuanto en ella se contiene, y de orientar a Dios la propia persona y el universo entero, reconociendo a Dios como creador de todo, de modo que, con el sometimiento de todas las cosas al hombre, sea admirable el nombre de Dios en el mundo” (GS 34).

 

La naturaleza y su presencia en la Historia de la Salvación

  1. En la Historia de la Salvación, la naturaleza ha tenido una gran presencia. La influencia positiva en la configuración de la naturaleza no significa una recuperación de la religiosidad pagana de la naturaleza. No la diviniza ni la eleva a la inmediatez de Dios, reservada únicamente al hombre. Más bien reconoce en ella un múltiple reflejo de la grandeza y hermosura del Creador, siguiendo el ejemplo de los salmos veterotestamentarios y de las parábolas de Jesús, tomadas del entorno natural. En la posterior historia de la Iglesia ha habido creyentes que han tenido una experiencia de Dios en la naturaleza, muchos de ellos descubrieron a Dios en la naturaleza, la frecuentaron, la contemplaron y disfrutaron de ella; algunos de ellos, llegaron a ser santos después. Uno de los ejemplos más claros, lo tenemos en San Francisco de Asís, que destacó por su sensibilidad y amor a la naturaleza, amigo de los animales y defensor de los más pobres y enfermos; representa el modelo de vida sobrio y austero, respetuoso con la creación tan lejano a la actual cultura del descarte a causa de la cual en unos países se derrochan alimentos y recursos naturales de forma totalmente caprichosa mientras que en otras zonas del planeta miles de personas se mueren de hambre cada día[18]. Mientras en los países occidentales prevalecen los problemas de obesidad y malnutrición por exceso, diversos tipos de cáncer, enfermedades cardiovasculares, etc.; en África, los niños se mueren de malnutrición, por falta de alimentos, etc. La comida que se tira de aquellos que viven en la abundancia es como si fuera robada de la mesa de los pobres y de los hambrientos, que también son seres humanos e hijos de Dios, y tienen derecho a que se respete su dignidad[19]. En este sentido cabe detacar la labor encomiable que está llevando a cabo Cáritas, optimizando al máximo los recursos disponibles y poniéndolos al servicio de los más necesitados que lo están pasando peor y no tienen medios para sobrevivir por ellos mismos.
  2. Ante esta situación, la Iglesia Católica tiene que dar una respuesta, testimoniar, mostrar su compromiso con los más necesitados y ser su principal apoyo. El papa Francisco, en su Pontificado, teniendo como referencia a San Francisco de Asís, busca construir una Iglesia pobre para los pobres en el crecimiento del amor, con el ánimo de guardar a los pobres en nuestro corazón. Hay que mantener la esperanza de que preservar la obra del Creador, don preciado que nos ha legado Dios, y construir un mundo mejor para las generaciones venideras, es posible. La creación es por definición un comienzo. Es el primer tiempo de una historia que debe conducir al hombre al logro de su vida y a su verdadera felicidad. Eso es lo que la fe cristiana llama "salvación”. La creación es el primer don, que condiciona todos los demás. Es el comienzo y es también el soporte constante de la historia de los homres. Estamos, pues, invitados a considerar la continuación de esta historia. Tenemos razones para la esperanza, fundamentadas en los valores éticos, humanos y sociales de los seres humanos, viviendo la fe y la esperanza cristianas manifestadas en las obras de la caridad, ya que la fe sin las obras es fe muerta. Solidaridad, justicia social y capacidad de admiración ante la creación son factores que contribuirán, con la ayuda de Dios y el trabajo de los hombres de bien, a que la esperanza alcanzable se convierta algún día no muy lejano en realidad tangible.

Os saluda con afecto y bendice en el Señor,

firma+ Julián Barrio Barrio,
Arzobispo de Santiago de Compostela

 

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[1] FRANCISCO, Alocución en la Audiencia general del 5 de junio de 2013.

[2] En la elaboración de esta carta pastoral he tenido en cuenta las publicaciones, sobre todo artículos y entrevistas, del Prof. Dr. D. Francisco Peña Castiñeira en la Voz de Galicia, 13 de marzo 2014; El Correo Gallego, 18 de octubre 2009; la Región de Ourense, 3 de abril 2010; ABC, 5 de abril 2010; Revista Nutribén, 11 (febrero 1989); La Revista 11 en Diario de Pontevedra; Noticiero Galego, 6 de marzo 2010. .

[3] Pablo VI escribió: "Bruscamente el hombre adquiere conciencia de ello: debido a una explotación inconsiderada de la naturaleza, corre el riego de destruirla y de ser a su vez víctima de esta degradación”: Octagesima adveniens, 21.

[4] Benedicto XVI, Luz del mundo. El papa, la Iglesia y los signos de los tiempos. Una conversación con Peter Seewald, Barcelona 2010, 56.

[5] La 3ª Conferencia Ministerial del Medio Ambiente y la Salud (Londres, 1999). La Cumbre de la Tierra de Río de Xaneiro (1992), la Conferencia de NNUU sobre Medio Ambiente y Desarrollo de Johannesburgo (2002) y Río+20 (2012), El VII Programa Comunitario de Acción en materia de Medio Ambiente 2014-2020 (7º PMA), resume los objetivos prioritarios de la política de medio ambiente de la UE hasta 2020 e introduce una visión a largo plazo para 2050 con el fin de abordar los problemas principales de carácter ambiental.

[6] FRANCISCO, Alocución en la Audiencia General del 5 de junio de 2013.

[7] La reciente Asamblea Mundial de la Salud de la OMS, a través de sus delegados, acordaron el 26 de mayo de 2015 una Resolución sobre "Salud y Calidad del Aire”.

[8] Cf. JUAN PABLO II, Discurso a los científicos, 8 de mayo de 1993.

[9] JUAN PABLO II, Discurso al Congreso Omnia homini, 17 de septiembre de 1990.

[10] JUAN PABLO II, Discurso en la IV Jornada Mundial de la Juventud en Santiago, 19 de agosto de 1989.

[11] Conferencia Episcopal Española, La Iglesia servidora de los pobres. Instrucción Pastoral, Ávila 24 de abril de 2015, 10.

[12] Ibid., 29.

[13] "Mientras las ganancias de unos pocos crecen exponencialmente, las de la mayoría se quedan cada vez más lejos del bienestar de esa minoría feliz. Este desequilibrio proviene de ideologías que defienden la autonomía absoluta de los mercados y la especulación financiera. De ahí que nieguen el derecho de control de los Estados, encargados de velar por el bien común. Se instaura una nueva tiranía invisible, a veces virtual, que impone, de forma unilateral e implacable, sus leyes y sus reglas. Además, la deuda y sus intereses alejan a los países de las posibilidades viables de su economía y a los ciudadanos de su poder adquisitivo real. A todo ello se añade una corrupción ramificada y una evasión fiscal egoísta, que han asumido dimensiones mundiales. El afán de poder y de tener no conoce límites. En este sistema, que tiende a fagocitarlo todo en orden a acrecentar beneficios, cualquier cosa que sea frágil, como el medio ambiente, queda indefensa ante los intereses del mercado divinizado, convertidos en regla absoluta” FRANCISCO, Exhortación apostólica Evangelii gaudium, 56.

[14] Los Objetivos de Desarrollo Sostenible y la próxima Cumbre de las Naciones Unidas sobre el Clima COP21 en París.

[15] Escribía san Juan Pablo II: El hombre tiene en sus manos un don que debe pasar, y, si fuera posible mejorado, a las futuras generaciones que son también destinatarias de los dones del Señor. El dominio confiado al hombre por el Creador no es un poder absoluto, ni se puede hablar de libertad de usar y abusar, o de disponer de las cosas como mejor parezca... Estamos sometidos a las leyes no sólo biológicas sino también morales, cuya transgresión no queda impune. Una justa concepción del desarrollo no puede prescindir de esas consideraciones, relativas al uso de los elementos de la naturaleza, a la renovabilidad de los recursos y a las consecuencias de una industrialización desordenada, las cuales ponen en nuestra conciencia la dimensión moralñ, que debe distinguir al desarrollo”: Christifideles laici, 43.

[16] "La familia humana ha recibido del Creador un don en común: la naturaleza. La visión cristiana de la creación conlleva un juicio positivo sobre la licitud de las intervenciones en la naturaleza para sacar provecho de ello, a condición de obrar responsablemente, es decir, acatando aquella "gramática” que está inscrita en ella y usando sabiamente los recursos en beneficio de todos, respetando la belleza, la finalidad y la utilidad de todos los seres vivos y su función en el ecosistema. En definitiva, la naturaleza está a nuestra disposición, y nosotros estamos llamados a administrarla responsablemente. En cambio, a menudo nos dejamos llevar por la codicia, por la soberbia del dominar, del tener, del manipular, del explotar; no custodiamos la naturaleza, no la respetamos, no la consideramos un don gratuito que tenemos que cuidar y poner al servicio de los hermanos, también de las generaciones futuras” FRANCISCO, Mensaje para la Jornada mundial de la Paz 2014, 9.

[17] "Hay otros seres frágiles e indefensos, que muchas veces quedan a merced de los intereses económicos o de un uso indiscriminado. Me refiero al conjunto de la creación. Los seres humanos no somos meros beneficiarios, sino custodios de las demás criaturas. Por nuestra realidad corpórea, Dios nos ha unido tan estrechamente al mundo que nos rodea, que la desertificación del suelo es como una enfermedad para cada uno, y podemos lamentar la extinción de una especie como si fuera una mutilación. No dejemos que a nuestro paso queden signos de destrucción y de muerte que afecten nuestra vida y la de las futuras generaciones” FRANCISCO, Exhortación apostólica Evangelii gaudium, 215.

[18] "Las sociedades actuales deberían reflexionar sobre la jerarquía en las prioridades a las que se destina la producción. De hecho, es un deber de obligado cumplimiento que se utilicen los recursos de la tierra de modo que nadie pase hambre. Las iniciativas y las soluciones posibles son muchas y no se limitan al aumento de la producción. Es de sobra sabido que la producción actual es suficiente y, sin embargo, millones de personas sufren y mueren de hambre, y eso constituye un verdadero escándalo. Es necesario encontrar los modos para que todos se puedan beneficiar de los frutos de la tierra, no sólo para evitar que se amplíe la brecha entre quien más tiene y quien se tiene que conformar con las migajas, sino también, y sobre todo, por una exigencia de justicia, de equidad y de respeto hacia el ser humano. En este sentido, quisiera recordar a todos el necesario destino universal de los bienes, que es uno de los principios clave de la doctrina social de la Iglesia. Respetar este principio es la condición esencial para posibilitar un efectivo y justo acceso a los bienes básicos y primarios que todo hombre necesita y a los que tiene derecho” FRANCISCO, Mensaje en la Jornada mundial de la Paz 2014, 9.

[19] Cf. FRANCISCO, Alocución en la Audiencia General del 5 de junio de 2013.

Última modificación: viernes, 31 de julio de 2015, 12:49