Intervención de Mons. Barrio en la Cope: 5 de junio de 2015



A punto de terminar el curso escolar, con muchos de vuestros hijos ya preparando las pruebas finales de sus estudios, es momento no sólo de hacer balance del camino recorrido sino, también, de aprovechar el tiempo veraniego, ya cercano, para preparar el itinerario de los próximos meses. Los cristianos no debemos estar nunca ociosos. Dios que nos ama infinitamente, sigue pendiente de nosotros en las cuatro estaciones del año. ¡No le demos vacaciones a Dios en nuestra vida!

También la Iglesia diocesana se dispone a evaluar este denso curso pastoral y a programar sus líneas de actuación para el futuro inmediato. Ese es el sentido de la Asamblea Pastoral a la que estamos convocados todos los diocesanos mañana sábado. Os invito a todos a participar y a compartir experiencias y anhelos. La comunión es una realidad que hacemos entre todos y todos los días.

Me parece que esta es una magnífica ocasión para recordar nuestro proceso sinodal, un acontecimiento que tiene que llenarnos a todos de esperanza porque es de la reflexión y del trabajo sinodal desde donde tenemos que extraer las potencialidades de la Iglesia diocesana que queremos para los próximos años.

Los economistas están muy acostumbrados a un tipo de análisis que conjuga el estudio de las debilidades y las amenazas, con la descripción de las fortalezas y las oportunidades. En el fondo es el ánimo que debe motivar a nuestra Iglesia diocesana a diseñar su papel en esta sociedad tan necesitada de revitalización en lo más profundo de sus estructuras. Pero poco podremos ofrecer a esta sociedad si nosotros, como Iglesia diocesana no nos abrimos a la fuerza y al soplo del Espíritu y no nos dejamos seducir por la fortaleza y las oportunidades que nos ofrece el Amor inefable de Dios.

Toda programación pastoral precisa de unas ideas guía que sean como raíces que nutran de agua a la planta y refresquen la savia profunda que es la esencia inalterable, la fe, que se transmite de generación en generación. La programación pastoral ha de beber de los trabajos y esfuerzos del Sínodo diocesano, de las aportaciones que muchos grupos están haciendo, del trabajo callado en parroquias, comunidades de Vida Consagrada y asociaciones apostólicas.

Pero también es verdad que la renovación y cualquier tipo de nuevo diseño en lo pastoral, será poco eficaz, por no decir baldío, si no se acompaña de la conversión personal: de ese decidido empeño en coger nuestro bordón y ponernos a caminar a la vera del Jesús Resucitado. Sólo de un corazón fresco, convertido a la gracia, saldrá la fortaleza para la misión de nuestra Iglesia diocesana en los años venideros.

Última modificación: sábado, 13 de junio de 2015, 16:19