Intervención de Mons. Barrio en la Cope: 12 de junio de 2015

A estas alturas del mes de junio hay acontecimientos que se repiten con cíclica periodicidad. Me referiré sólo a dos de ellos que marcan las agendas familiares y los titulares de muchos medios de comunicación.

Las pruebas de acceso a la Universidad, la popularmente llamada Selectividad, es una cita por la que pasan miles de estudiantes en estos días previos al verano. Son jornadas de cierto agobio, de incertidumbre por las preguntas, de ilusiones por alcanzar aquellas notas que permitan optar por las titulaciones universitarias preferidas. Estos exámenes se han preparado con dedicación y con esfuerzo. Son una prueba de que los jóvenes son capaces de trabajar por su futuro y una manifestación de que no les faltan ganas de encontrar un hueco en el futuro de nuestra sociedad.

El segundo acontecimiento, que acapara la atención informativa de los medios generalistas y de los especializados es la preparación de la próxima temporada en los equipos deportivos: ceses de entrenadores, fichajes que harán las delicias de los aficionados, puesta a punto de los equipos, son algunas de las informaciones que nutren el interés de los aficionados cuando las grandes competiciones ya han finalizado.

Coyunturalmente este año, tenemos la formación de los nuevos gobiernos de Ayuntamientos y Autonomías, buscando pactos hasta última hora para lograr mayorías que den estabilidad... Deseo que todo ello se haga pensando en el bien común del que tan necesitados estamos.



Y yo me pregunto, como pastor de esta diócesis, si los cristianos preparamos el próximo curso con la misma intensidad con que acometen los estudiantes de Selectividad sus pruebas o con idéntica pasión con la que, por ejemplo, los equipos de fútbol renuevan a sus entrenadores y refuerzan sus plantillas.

Los estudiantes se han formado a lo largo de la ESO y del Bachillerato para instruirse en una serie de conocimientos que les proporcionarán competencias para actuar en la sociedad. Los cristianos no podemos ser menos. Tenemos que aprender a dar razones de nuestra fe; a buscar el conocimiento bíblico y teológico y a vivir la experiencia de Dios en nuestra vida. Nuestra diócesis ofrece curso a curso grandes posibilidades de trabajar este aspecto de nuestra pertenencia a la Iglesia: desde clases de Teología para Seglares o estudios de Ciencias Religiosas, hasta seminarios y jornadas diversas. Hay que formarse para poder evangelizar.

Nuestro fichaje estrella sigue siendo el Señor Jesús para hacer propia la salvación que nos ha traído entregando su vida en la cruz. El nos llama a jugar en la Liga de las Bienaventuranzas y de las obras de misericordia con los necesitados espiritual y materialmente. Porque así, con el apóstol Pablo podremos decir, al final de nuestros días, "he combatido el noble combate, he acabado la carrera, he conservado la fe”. Confiémonos al amor del Sagrado Corazón  de Jesús y pidamos por la santificación de los sacerdotes en este día.

 
Última modificación: sábado, 13 de junio de 2015, 16:17