Intervención de Mons. Barrio en la Cope: 20 de marzo de 2015

Como saben, este miércoles día 25 de marzo la Iglesia en España celebra la Jornada por la Vida, coincidiendo con la solemnidad litúrgica de la Anunciación del Señor. Es una ocasión providencial para reflexionar sobre este don y tarea, que es la vida humana, valorando de manera especial la riqueza de la vida de las personas que vienen al mundo con una particular necesidad, vulnerabilidad o discapacidad.

"Las personas discapacitadas, como nos dice el Mensaje de los Obispos españoles para esta Jornada, nos muestran la grandeza de su corazón y de su existencia. Son los campeones de la vida por su coraje, un ejemplo para todos y un verdadero testimonio de la grandeza de su existencia. Reflejan los valores más genuinos del ser humano, que posee un valor infinito con independencia de cualquier condicionamiento físico, psíquico, social o de cualquier otra índole. Son personas grandes, capaces de darlo todo, capaces de enriquecer a los demás y capaces de acoger a todos”.

La vida, no es un valor de mercado, un bono que cotice en los corrillos de una bolsa o del parqué. Su dignidad, su calidad y calidez no es evaluable; es, simplemente innegociable. Y es que "hay mucha vida en cada vida”, como seres creados a imagen y semejanza de Dios que nos ama por lo que somos y no por lo que tenemos o por lo que una sociedad anestesiada piense que es el estándar de "una calidad de vida” humana. "El compromiso al servicio de la vida obliga a todos y cada uno”, y es "una responsabilidad propiamente ´eclesial´, que exige la acción concertada y generosa de todos los miembros y estructuras de la comunidad cristiana.

Tenemos que trabajar por avivar esa inefable grandeza de sabernos hijos de Dios, de haber sido llamados a la vida por un deseo expreso del Creador, de estar convocados a la felicidad plena de la contemplación divina. Y esta es una tarea para realizar en la comunión humana de nuestras familias y en la comunión de la Iglesia. Toda relación nos enriquece y nos recuerda que cualquiera de nosotros, a lo largo de nuestras historias personales, puede sentirse dependiente y necesitado. Y en aquel entonces, nos gustará contar con la mano de alguien que nos acompañe y nos cuide.

Estamos llamados a "construir una verdadera comunidad humana en la que todos nos percibamos como un inmenso don de Dios llamados a cuidarnos los unos de los otros, a socorrer nuestra indigencia con la grandeza de la vida del prójimo y viceversa, en una sinfonía de la caridad, en la que al dar la propia vida y recibir la del prójimo crecemos como personas y edificamos un mundo verdaderamente humano”.

Es verdad, "hay mucha vida en cada vida”, porque nuestra vida es una apuesta directa de Dios, según su designio y desde su corazón de Padre, que nos quiere tener a su lado.

Última modificación: lunes, 1 de junio de 2015, 21:33