Intervención de Mons. Barrio en la Cope: 24 de abril de 2015



El texto evangélico que la liturgia de este IV Domingo de Pascua nos ofrece a nuestra consideración es uno de los más hermosos del Nuevo Testamento. El apóstol Juan nos habla de la figura del Buen Pastor y a todos y cada uno de nosotros nos evoca aquel instante maravilloso en que nuestros padres o nuestros catequistas nos descubrieron la imagen de Jesús como verdadero y único pastor de nuestras vidas. Ellos también fueron, los padres o los catequistas, para nosotros "pastores” que nos guiaron por el hermoso valle de la fe en Cristo resucitado.

Sí, Jesús es el Buen Pastor que da la vida por sus ovejas. Él conoce el nombre de cada una de las ovejas, de cada uno de nosotros. Es este un misterio insondable que no nos cansaremos de agradecer: Dios nos ama con un amor infinito, más empeñado que nosotros mismos en nuestra propia salvación. Es el misterio de contemplación en el que se han empeñado tantos santos que han sido, y siguen siendo, auténticos pastores que nos remiten al único Pastor, al hijo de Dios encarnado en la Virgen María.

En estos días, los obispos españoles hemos estado reunidos para tratar y debatir diversos temas relacionados con la marcha de la Iglesia que peregrina en España. Bien sabéis que el oficio propio del obispo es el de pastorear, a imagen del Señor Jesús, la grey encomendada en cada una de sus diócesis. Es una labor de servicio y de disponibilidad, de atención a las necesidades de las ovejas, de cada uno de los fieles. Bien sabéis, también, que en esta tarea el obispo necesita del apoyo material y, sobre todo, de la oración de todos cuantos confiesan con los labios y el corazón que Cristo es Señor.

Si el trabajo de los obispos resulta fructífero es, sin duda, por la acción del Espíritu Santo que gobierna la Iglesia y, también, por esas oraciones que todos los fieles elevan al Padre para que sigamos siendo fieles al ministerio episcopal. ¡Cuánto hay que agradecer a Dios la inefable realidad de la comunión entre Cristo, cabeza de los pastores, y entre estos y los fieles! La Iglesia vive de esta unidad sagrada que el Espíritu va fortaleciendo para que, además, todos seamos capaces de trabajar para que otras ovejas que "no son de este redil” vengan también a saborear la hierba fresca de la palabra y el cuerpo de Cristo.

"Un solo rebaño y un solo Pastor”. Ese es el deseo que este domingo todos escucharemos, proclamado por Juan en ese delicioso relato del Buen Pastor. Un deseo que es el deseo del propio Cristo, que da su vida por cuidar a sus ovejas y para que su número siga incrementándose con la voz que nosotros tenemos que poner a su buena noticia, a su Evangelio.

Ojalá que todos aquellos que en la Iglesia tienen a su cargo el servicio ministerial del pastoreo sigamos contando con vuestra ayuda, con vuestra disponibilidad y con vuestra oración. ¡Que el Buen pastor os bendiga!

Última modificación: lunes, 1 de junio de 2015, 21:49