Intervención de Mons. Barrio en la Cope: 29 de mayo de 2015



En estos días hemos conocido los resultados de la Encuesta de Condiciones de Vida de las familias españolas realizada por el Instituto Nacional de Estadística, en la que se ponen de manifiesto datos preocupantes sobre su situación económica. De hecho, y por resumir algunas de sus conclusiones, los hogares españoles tuvieron un descenso de sus ingresos medios de un 2,3% en 2013 y aumentó el porcentaje de población en riesgo de pobreza hasta el 22,2%. El porcentaje de menores en situación de pobreza ha aumentado 3,4 puntos y un 16,1% de los hogares llega a fin de mes con mucha dificultad, mientras que otro 42% no puede afrontar ningún gasto de tipo imprevisto en su día a día.

Se constata una realidad que muchos de vosotros experimentáis jornada tras jornada y mes tras mes y que los obispos hemos denunciado muy recientemente. Es lástima que el documento, hace apenas un mes aprobado por la Conferencia Episcopal Española, "Iglesia, servidora de los pobres”, no haya encontrado eco suficiente en el fluir mediático de tantas informaciones muchas veces interesadas, otras veces intranscendentes. Pero ese documento alza una voz profética de denuncia de las injusticias del actual modelo económico y de solidaridad con los más desfavorecidos. En la Instrucción Pastoral podemos leer, por ejemplo, que "la crisis no ha sido igual para todos. De hecho, para algunos, apenas han cambiado las cosas. Todos los datos oficiales muestran el aumento de la desigualdad y de la exclusión social, lo que representa sin duda una seria amenaza a largo plazo” (nº 19).

El pasado domingo celebrábamos el Día del Apostolado Seglar y de la Acción Católica. En la Carta Pastoral que escribí con ocasión de esta jornada apuntaba la importancia de la acción de los laicos en las realidades temporales, tanto políticas como sociales o económicas, porque son los seglares, precisamente, los que están llamados a iluminarlas con la referencia a su fe, en igualdad de condiciones y de derechos con el resto de los ciudadanos. Y decía que "esta inquietud debe manifestarse en el ámbito de la familia, de la educación, del trabajo, de la política, de la cultura y de la economía, compartiendo el don de la fe y la esperanza a la que hemos sido llamados”. El actuar de los cristianos en la sociedad no es, como a veces se intenta presentar, una imposición; es, por contra, la proposición y la oferta de una serie de valores humanos enriquecidos por una realidad sobrenatural que busca el beneficio de toda la colectividad.

Estamos, pues, ante un gran reto en este particular momento histórico teniendo presente la primacía de la persona: ser capaces de ofrecer a toda la sociedad la gran riqueza de la doctrina social de la Iglesia, como fundamento sobre el que apoyar esa recuperación económica que se ha de reflejar en la mejora de las condiciones de vida de nuestros hogares y nuestras familias. Los laicos tenéis una ocasión excepcional para trabajar, desde las responsabilidades temporales, por la aplicación de criterios evangélicos en ese terreno socioeconómico con el objetivo de combatir la injusticia y crear una economía de comunión.

Última modificación: lunes, 1 de junio de 2015, 21:47